La olla a presión en que se convirtió en los últimos meses el enfrentamiento entre Cristina Fernández y Hugo Moyano finalmente explotó y salpicó con sus esquirlas a toda la sociedad.
Sociedad, que por estas horas terminó siendo rehén de una disputa política, de una profunda pelea de poder que amenaza la propia paz social.
Con cada uno de sus gestos, tanto Moyano como el Gobierno parecieron ratificar su apuesta por una confrontación total sin meditar en las consecuencias de un enfrentamiento que solo es posible fundamentar en la lógica y los intereses políticos de sus protagonistas estelares.
En la clave interpretativa de la Casa Rosada, el camionero supone un cuestionamiento (quizá el único o el más consolidado) al liderazgo político de la Presidenta, una voz crítica que la mandataria no está dispuesta a tolerar. En el universo cristinista la disidencia se paga con el ostracismo más absoluto: así Moyano paso de ser un socio político estratégico del fallecido Néstor Kirchner a la figura ninguneada por el favor presidencial de las últimas semanas. Sin escalas, dejó de ser un gran aliado para convertirse en un estorbo que es necesario desechar.
Solo la caída en desgracia de Moyano pudo hacer aflorar un proyecto de liderazgo alternativo en la conducción de la CGT. Pese a la profunda heterogeneidad del agrupamiento antimoyanista (donde conviven desde referentes que mueren por el modelo como el metalúrgico Antonio Caló hasta el recontra antiK Luis Barrionuevo), el oficialismo alimentó sus aspiraciones convencido de la necesidad de golpear al camionero en su propio terreno y de poner en cuestión su liderazgo en el ámbito sindical. Esa batalla está aún lejos de quedar saldada, aunque todas las señales anticipan un desenlace de fractura de la central obrera, un escenario poco deseable para los planes de la Casa Rosada. Es que un poder sindical dividido en múltiples sectores solo profundiza disputas que más tarde o más temprano impactan de lleno en la economía. ¿Cómo podría el Gobierno encorsetar la discusión salarial con diferentes vectores sindicales pulseando por obtener la mejor tajada? Estamos a un paso de que se rompa la CGT y eso sería un gran problema, admitió un importante funcionario sobre el futuro de la batalla cegetista.
Moyano también esgrime sus razones para llevar a fondo su disputa con la Casa Rosada. Para el líder camionero la decisión de escalar en el conflicto en reclamo de aumentos salariales y la eliminación del impuesto a las Ganancias tiene como principal objetivo el de retener el control sobre el movimiento obrero, el bastión desde el cual potenciar su proyecto político en el propio seno del peronismo. La apuesta por la confrontación está en su naturaleza y consagra una metodología que solo le reparó beneficios en los últimos años. Negociar es ceder, repiten casi como slogan cerca del dirigente. Moyano no esta dispuesto a cambiar la receta, aunque eso solo le sirva para engrosar su pésima imagen en la opinión pública.
El líder sindical parece convencido de que es momento de aprovechar el deterioro de la imagen positiva de la Presidenta para abrir una cuña dentro del peronismo, y comenzar a dar forma a un proyecto político alternativo al kirchnerismo. En el esquema moyanista, la figura del gobernador bonaerense, Daniel Scioli, constituye una pieza clave y la posibilidad concreta de hacerse del oxígeno político necesario para sobrevivir al agobio cristinista. Se trata de un objetivo compartido, que el propio Scioli alimentó con su reciente acercamiento al camionero.
Devenido en la única expresión opositora a la hegemonía política de la Presidenta, Moyano enfrenta los padecimientos del disfavor oficial con la esperanza puesta en la construcción de espacio alternativo que lo devuelva a la categoría de socio del poder.









