“…A menudo, los provocadores de la guerra (civil) han surgido de las urnas por mayoría aplastante, y en algún que otro lugar los comicios incluso han revalidado sus fechorías.” Hans Magnus Enzensberger, Perspectivas de guerra civil, pág. 58. ANAGRAMA.
No por conocido vamos a dejar de explicar nuestro título de hoy. Utilizado en la actividad aérea, el Punto de No Retorno significa que se ha pasado más de la mitad del recorrido preestablecido por lo que, en consecuencia, es necesario avanzar, inexorablemente, para intentar alcanzar el destino elegido. También puede aplicarse a la imposibilidad de modificar el rumbo y la necesidad de atarse o avenirse a lo planificado. Éste es nuestro último caso para definir la situación política nacional y la imposibilidad de Cristina Fernández W. de Kirchner de cambiar el contenido de su gestión para tratar de salir del atolladero en que ha colocado a la Argentina, a su gobierno y su persona por la aplicación de su difuso modelo.
A esta altura, fracasada en todos los órdenes, la acción de gobierno y su contenido político e ideológico marcha hacia un destino todavía difícil de definir, pero el contenido de los acontecimientos permite vaticinar una mayor violencia futura. Para ser más claros, digamos que asistimos a un desmoronamiento anunciado mucho tiempo atrás pero que tiende a acelerarse todos los días, tanto por la propia acción oficial como por la fuerza casi independiente que adoptan cada uno de los componentes de este escenario. Así, podemos decir que mientras por un lado se presiona más y más al sector agropecuario, por el otro aparece en el horizonte la amenaza de una huelga de camioneros especializados en el transporte de combustibles, problema que aparece atado al conflicto político que se mantiene con el secretario de la CGT, Hugo Moyano, pero que, si se concreta, además de afectar a todos los sectores lo hará más específicamente con relación al campo, por múltiples y evidentes motivos.
Si intentamos hacer una hilación de cada uno de los conflictos, podemos decir que éste se introduce con el que el poder central posee con el gobierno de la provincia de Buenos Aires. Éste acelera el distanciamiento con Cristina -aunque luego lo corrige parcialmente- pero simultáneamente, mientras esa presión impositiva se quiere ejecutar contra el campo, al mismo tiempo una parte importante de sus integrantes ve con buenos ojos a Scioli en su lucha contra la presidente y su entorno. Se dirá que es una contradicción clásica de la política pero el caso es que, mientras el ex motonauta es el político que tiene mejor imagen en comparación con todos los demás, cada vez que el cristinismo lo ataca, lo fortalece. Si a este caso lo traspolamos con otros similares ubicados en distintos niveles de importancia y en otras geografías, observamos que Olivos -¿o lo llamamos la Casa Rosada?- pierde paulatinamente el control de los acontecimientos y enfrenta un mapa de conflictos que tiende a rodearlo y a cerrarle las puertas de salida. Más aún, Cristina, Zannini, Verbitsky, Kicillof (la nueva estrella rutilante) y otros pocos -muy pocos en realidad- se afirman en sus ideologías y en sus negocios, abandonan el pragmatismo y profundizan los conflictos.









