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Titulares - Economía

Argentina y la paradoja

El peso es la moneda que más se devaluó en el mundo, mientras los argentinos se hacen más "ricos" en dólares.

El país tiene "esas cosas". Por ejemplo, que su signo monetario se haya derrumbado frente al billete verde, en términos nominales, pero, por la inflación y subas salariales, sea más accesible adquirirlo. Festeja la clase media, que puede viajar y comprar tecnología barata. Sufren los empresarios.

Suele suceder que, en los diferentes países, sus principales variables económicas se encolumnan en una misma dirección, en una suerte de calle de mano única por la cual circulan.

Y tal dirección la marca la evolución del contexto local y el internacional: metas de inflación, de crecimiento, nivel de tasas de interés, cotización de su moneda frente al dólar, entre otras.

Pero -tal como sucede en la vida real-, puede darse la situación de que alguna de ellas circule a contramano del mundo.

Es el caso del peso argentino y su relación con la divisa estadounidense.

Esta última sube de a cuentagotas en el país, producto del sistema de "flotación administrada" impuesto por el Gobierno y que tiende a evitar bruscas oscilaciones y a defender el valor de la moneda.

En otras palabras, lo hace a paso lento, con el problema de que otra de las variables -la inflación- ya viene desde hace tiempo en quinta y a fondo. 

Mirando por el "espejo retrovisor" se observa que, en los últimos tres años, en la Argentina el dólar subió un 24% frente al peso, en términos nominales (sin considerar el índice inflacionario).

Demasiado poco, si se tiene presente que los precios de los bienes y servicios al consumidor escalaron casi cuatro veces más, un 80% en ese lapso, según mediciones privadas.

Inflación, lluvia verde y monedas

Distinta es la historia en otros países que, con índices inflacionarios notoriamente más bajos (entre 4% y 6% anual) y con una "lluvia de dólares" que llega para inversiones financieras e industrias, transitan el camino del fortalecimiento de sus monedas.

En efecto, ese gran caudal de billetes que reciben aumenta la oferta verde y empuja para abajo su cotización frente al signo monetario de esas naciones, que tiende a elevarse. 


Así las cosas, el ingreso de capitales -en un escenario de bajas tasas a nivel global-, hizo que las diferentes divisas se hayan ido fortaleciendo frente a la de Estados Unidos.

Y esto queda reflejado en la evolución de una canasta compuesta por unas 20 divisas, que marca apreciaciones que van desde casi el 5%, en el caso del euro, hasta cerca del 16%, como sucede con el yen de Japón.

En este contexto, merece un capítulo aparte el real brasileño, que acumula una apreciación del 12,8 por ciento, pese a lo ocurrido en las últimas semanas. 

Brasil es un país al que le llueven los dólares, en clara contraposición con lo que sucede en la Argentina, en donde el Gobierno busca por todos los medios que no se vayan, apelando para ello al cierre de importaciones y trabando las ventas a particulares y empresas como también el envío de dividendos al exterior. 

¿Qué sucedió tras el cepo cambiario?

Esta tendencia de largo plazo también se observa en los últimos meses pues, si se considera el período comprendido desde la puesta en marcha del cepo cambiario, el peso argentino también se ubica en el podio del ranking de monedas que han perdido fuerza frente al dólar.

Si bien en dicho ranking la moneda local aparece algo rezagada con respecto al real brasileño, cabe señalar que en este caso en particular, se destaca el hecho de que de los 13,2 puntos porcentuales de depreciación, 10 se concretaron en los últimos sesenta días. 

Ello se debe a la agresiva política monetaria encarada por los bancos centrales del vecino país.

El efecto inflación

Más allá de las cifras que aportan las estadísticas -que analizan las variables en forma "nominal" - existe otra forma de medir su evolución, relacionándolas por ejemplo con la inflación, para así obtener parámetros "reales".


Y este análisis resulta de gran importancia para comprobar qué ocurre con la moneda de un país en relación con la suba general de los precios. 


En líneas generales:

Cuando el dólar crece por encima de la inflación, se debilita la moneda local y se encarece la estadounidense. Es más caro comprarla y es más fácil vender productos de esa nación al mundo.

Cuando el alza del billete verde corre por debajo de la suba de los precios y salarios, se fortalece la moneda local y se abarata la divisa estadounidense. Es más accesible adquirirla pero se corre el riesgo de atraso cambiario.

Lo curioso del "caso argentino" es que:

En el campo nominal, su moneda -a contramano del resto- se ha debilitado.

Sin embargo, en el terreno real, ha sido la que más se fortaleció frente al dólar.

En buen romance, por la política de devaluación de a "cuentagotas" implementada por el Gobierno, el peso argentino cayó "nominalmente" un 24%.

Pero, al tener Argentina uno de los índices de inflación más altos del mundo, en "términos reales" se robusteció casi un 31% (es decir, el dólar se abarató para los bolsillos de los argentinos).

Esta es la razón por la cual los argentinos se sienten más ricos en dólares, pueden viajar por el mundo, comprar ropa, tecnología de punta y productos electrónicos más baratos.


Para Milagros Gismondi, economista de Orlando Ferreres y Asociados (OF&A), "en términos reales, se observa una apreciación del tipo de cambio".

"El peso se está fortaleciendo en ese campo. Y esto es así porque el ritmo de devaluación que impone el Banco Central es muy inferior a la inflación que estiman las consultoras privadas", afirma Ramiro Castiñeira, economista de Econométrica.

De acuerdo con Carlos Lizer, director de Puente, "en la región se observa, por ejemplo, que la moneda de Brasil también se venía robusteciendo más allá de lo deseado. Y eso hizo que el Banco Central tomara medidas para contener esa suba".

En el caso del país vecino son otras las razones que impulsan la fortaleza de su divisa, como el aluvión de billetes verdes que recibe para todo tipo de inversiones.

¿Es para festejar?

En principio, que el dólar pierda terreno frente a los aumentos de salarios e inflación muestra -sin un análisis profundo- a los argentinos contentos por el fuerte poder de compra que ostentan sobre esa moneda.

Este notable proceso de apreciación de la divisa local se percibió claramente en el fuerte aumento en la capacidad de compra de billetes verdes, reflejada en la elevada fuga de capitales registrada en forma previa a la implantación de los controles oficiales.

Si bien esta salida de divisas se redujo tras la aplicación del cepo cambiario aun así permanece en niveles del orden de los u$s500 millones mensuales, con un repunte que la ubicaría en un valor cercano a los u$s1.000 millones en abril. 

Pero hay otra "fuga" que el Gobierno no puede controlar tan fácilmente. Y es la que está conformada por ese gran flujo de billetes que utilizan los argentinos para comprar y vacacionar en el exterior.

En tal sentido, son ilustrativas las cifras. En 2011 se estima que el total rondó los 2,3 millones de personas, alrededor de un 17% más frente a los ya elevados volúmenes del 2010.

Mientras que en esta temporada estival el número de pasajeros se habría incrementando un 10% frente a igual período del año anterior.

En tanto, los montos financiados en dólares vía tarjetas de crédito alcanzaron el nivel máximo desde el fin del 1 a 1,

Según datos del Banco Central, a mediados de abril de este año, el saldo global fue de u$s302 millones, luego de haber tocado un máximo de u$s342 millones en febrero. Este última cifra no sólo es récord desde la salida de la convertibilidad, sino que es prácticamente el doble del registro del año anterior.

También, ese mayor poder de "compra verde" queda reflejado en la relación "dólar-salario". En efecto, tal como diera cuenta iProfesional.com, un argentino que gana un sueldo medio y destina el 20% del mismo a la compra de divisas puede hacerse de más del doble que hace unos años.

Pero "no todo es carnaval ni dura para siempre".

Como contrapartida, en el ámbito empresarial, el abaratamiento del dólar frente a las subas salariales no da para festejar demasiado.

Es que el fuerte aumento de los costos internos, incluyendo obviamente los mayores sueldos (en moneda dura) -al no estar sustentados en una mejora similar en los niveles de producción- deja a los ejecutivos de negocios a merced de productos importados más baratos y con mercados en el mundo que se van cerrando.


El tema no es menor: una divisa estadounidense subiendo de a centavitos -y una inflación que no ha bajado del 20% en todos estos años- derivaron en un tipo de cambio real con respecto al dólar que ha vuelto peligrosamente a niveles similares a los de enero de 2001, tal como anticipara iProfesional.com (ver nota: Finalmente llegó el día: volvió el "1 a 1" a la Argentina y crece preocupación de empresarios por el atraso cambiario).

Así, a pesar de que cada billete verde hoy en día tiene un valor "nominal" de $4,44, en términos reales, -es decir, considerando la suba de precios doméstica y de EE.UU.-, el tipo de cambio bilateral está en la paridad.

Pero con un agravante: arrastra una suba general de precios que sigue sin resolverse.

Paradojas de esta Argentina y de las "dos caras" de su moneda: ocupa el podio de las más devaluadas y revaluadas a la vez, dejando a empresarios preocupados y a buena parte de la sociedad contenta. Mientras dure.

 

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